miércoles, 22 de agosto de 2012

Assange, un estorbo para todos



A nadie le conviene Julian Assange. Parecería que a cada país con el que se relaciona, le quema. Hasta hoy, Ecuador fue el único que se atrevió a mojarse realmente en el asunto, concediéndole el estatuto de asilado político, aunque no se sabe bien si el motivo que lo lleva a ello son las propias aspiraciones políticas del presidente Correa de ubicar a su país en el punto de mira del panorama político mundial, o un interés real en la defensa de la libertad de expresión y los derechos humanos. Sea cual fuere la razón, la actitud promovida desde Quito es valiente y necesaria, y simboliza además el creciente posicionamiento de Latinoamérica en el contexto mundial.

Así, el repentino papel protagónico que adquirió Ecuador en el “caso Assange” se suma a las recientes noticias que llegan desde América Latina y que tienen gran repercusión en el contexto mundial desde el comienzo de la crisis. El hecho de ser  economías en expansión, les permite a las naciones latinoamericanas contar con voz y voto en cada vez más cuestiones de importancia internacional. Aprovechando la crisis que actualmente afecta sobretodo a Europa occidental, América Latina está decidida a ganar una posición más destacada en el contexto global. De ahí las varias acciones, más mediáticas que efectivas, que provienen desde allí. Desde la simbólica decisión de varios países latinoamericanos de no dejar entrar barcos con bandera de las Falklands en sus puertos, hasta otras de similar calado e importancia, promovidas por Brasil o Venezuela o los organismos que aglutinan a estos países.

América latina posee un gran interés en mostrar una imagen de unidad y fortaleza ante una época aciaga para las grandes superpotencias mundiales, aunque por dentro esté realmente fraccionada, con cada país que la integra mirando para sus adentros. La demostración de unidad del UNASUR, que agrupa a una gran cantidad de naciones sudamericanas, resulta más una acción simbólica que otra cosa, ya que el organismo es el recipiente residual adonde van a parar todas las decisiones que puedan llegar a tener un consenso total en Latinoamérica y que sean de relativa o poca importancia. Por ahora, el organismo no es más que una concentración de buenas intenciones, ya que no tiene personalidad jurídica ni mecanismos para hacer valer sus decisiones. En definitiva, se trata de un organismo que de momento sólo sirve para la proyección mediática de Latinoamérica en el mundo.

Volviendo a Assange, cada vez se hace más inevitable su extradición. A pesar de la  buena voluntad de gran parte de la comunidad internacional y del creciente apoyo popular que aboga por su liberación, su destino parece ineludible. El fundador de Wikileaks es un mal ejemplo que no debe proliferar, al igual que los hechos llevados a cabo por el soldado Manning, que ya está recibiendo un castigo ejemplar, tras mantenerle recluido en prisión -815 días sin juicio, cuando el límite legal son 120- y haberse solicitado para él la cadena perpetua por la filtración de los miles de cables secretos que implicaban a Estados Unidos en injerencias, complots y otras cuestiones.

Es más que clara la presión de los Estados Unidos sobre el resto de países implicados en el asunto. Gran Bretaña, aliado histórico y natural de la gran potencia de Norteamérica, va a hacer todo lo que esté en su mano para cumplir con la “obligación legal” de extraditar a Assange. Es extraño que Londres ponga ahora tal énfasis en el cumplimiento de dicha obligación, cuando la eludió con maestría durante el caso Pinochet. Probablemente el país norteamericano sea el más interesado en fomentar el secretismo porque es el que cuenta con la mayor cantidad de secretos guardados. Si alguien se viera atraído por el “efecto Assange” y se decida a imitarlo, podrían aflorar sospechados y molestos complots, traiciones, e intervenciones que históricamente fueron atribuidos –aunque no confirmados- a la gran superpotencia del norte de América. Estados Unidos no se puede permitir ni la más mínima posibilidad de que sus más que probables secretos turbios sean revelados. Teniendo en cuenta además, los numerosos precedentes en saltarse normas y tratados internacionales con que cuenta en su haber, nos podemos hacer una idea bastante aproximada del probable destino de Assange. El líder de Wikileaks no exagera ni un ápice cuando asegura que está siendo sometido a una auténtica “caza de brujas”. Es suficiente con recordar como lograron neutralizar todo su aparato de recaudación de fondos para corroborar dicha teoría.

Razones para temer, el cibernauta Australiano, tiene de sobra ya que su integridad física no está asegurada. Ni siquiera Suecia sabe cuales son realmente las intenciones de Estados Unidos, que como siempre juega a las escondidas con sus propias pretensiones. Aunque se pueden llegar a inferir fácilmente cuales podrían ser considerando el único precedente existente hasta la fecha: la más que probable reclusión perpetua del soldado Bradley Manning. Aún así, la pena de muerte se deduce improbable, dado el suicidio político que supondría para Obama en una fecha tan cercana a las próximas primarias en Estados Unidos y la mala imagen que además representaría para el país y su gente.

La incertidumbre con la que se mueve Suecia, es la pauta más certera de hasta dónde alcanza el caso Assange en el plano político internacional. Una alta funcionaria del gobierno Sueco se apresuró a anunciar que en caso de que exista posibilidad de ser condenado a pena de muerte, Assange no sería extraditado. Lo extraño es que Estados Unidos ni siquiera ha presentado cargos contra Assange, lo que hace pensar que puede que existan conversaciones confidenciales entre los gobiernos de los dos países en cuanto a la suerte del fundador de Wikileaks.

Todo parece indicar que el asunto va para largo, más teniendo en cuenta que el Ministro de Exteriores de Ecuador, Ricardo Patiño, insinuó la posibilidad de acudir ante la Corte Internacional de Justicia para pulir las diferencias de criterio jurídico existentes sobre la posible inviolabilidad o no de la sede diplomática donde se encuentra alojado Assange. Esta posibilidad, compartida por Baltasar Garzón, abogado defensor de Assange, podría paralizar el asunto durante un buen tiempo, ya que es sabido que dicho tribunal no se caracteriza justamente por la celeridad.  De esta manera, la situación de reclusión voluntaria de Assange podría estancarse durante un buen tiempo, de forma similar, salvando las diferencias, a la del ya fallecido dictador Pinochet. Opción nada despreciable considerando los riesgos a los que se expone en caso de abandonar el perímetro de la embajada ecuatoriana. La intervención de la corte, le daría al fundador de Wikileaks el tiempo suficiente para reunir apoyos de peso y dar a conocer su causa. El tiempo le juega en contra al gobierno de Londres, ya que mientras más tiempo se establezca el radar mediático sobre Gran Bretaña y Assange, mayor será la pérdida de imagen del gobierno de Cameron. Parecería ser que lo que precisa Julian Assange ahora mismo, es estar en boca de todos.

Las relaciones exteriores, Gran Bretaña, las maneja con mano de hierro, herencia quizás de la época Thatcher. El canciller británico de exteriores, Hague, niega haber proferido amenazas al gobierno Ecuatoriano, aunque le recordó sutilmente que existía la posibilidad de entrar por la fuerza en la sede diplomática en virtud de una ley interna llamada Diplomatic and Consular Premises Act, que data de 1987. Ésta tiene mucho menos peso y valor a nivel internacional y legal que la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas de 1961, que garantiza la inviolabilidad y protección de los locales de las misiones diplomáticas y que ha sido ratificada por la práctica totalidad de países, pero aún así sirve al gobierno Británico para amedrentar a su par Ecuatoriano y a los demás organismos que dieron su respaldo –ALBA, UNASUR-, y por supuesto para confundir al resto de personas interesadas.

El inconveniente podría surgir con las cuestiones formales referentes al estatuto de asilado que actualmente ostenta. Realmente, el cibernauta Australiano, no está siendo perseguido por causas políticas, ni religiosas, ni mucho menos raciales o sexuales. Estados Unidos no le acusó aún formalmente de ningún crimen, ni tampoco reclamó su extradición, lo que hace aún más difícil justificar la concesión del estatuto de refugiado para Assange. Por ahora, legal y formalmente, Ecuador es un mero cómplice que da cobijo a un sospechoso de un supuesto delito (menor) de acoso sexual cometido en Suecia. Delito real o inventado?

Lo cierto es que Assange es un tema verdaderamente candente para cualquier gobierno de peso considerable dentro de la comunidad internacional. Las implicancias y consecuencias que supone al estar Estados Unidos de por medio, hace que todos apoyen su causa, pero que nadie realmente interceda por él. Hasta ahora sólo lo ha hecho Ecuador, sin medir realmente la magnitud de su implicación en el asunto, y Garzón, que es otro denostado como Assange. Esperemos que el estorbo que ahora representa, se pueda revertir convirtiéndose en un éxito de la diplomacia progresista internacional y un ejemplo de la defensa de la libertad de expresión.